El Buen Pastor del corazón del pueblo.
Veinticuatro años de ministerio pastoral humilde, pedagógico y fecundo.
(Entronización: 12 de enero de 2002)
Por Anastasios Charmantas – Consejero familiar,
Especialista en psicodinámica familiar,
Miembro del Centro de Apoyo Familiar de la Santa Metrópolis de Calcis.
Su Eminencia el Metropolita Crisóstomo de Calcis se cuenta con razón entre las figuras más emblemáticas y distinguidas de la vida eclesial contemporánea, con una contribución pastoral, teológica y espiritual multifacética.
No porque ocupe un trono de honor, sino porque, mediante su modo de vida y de ministerio, conquistó silenciosamente el trono del corazón del pueblo. Desde el día de su entronización hasta hoy, a lo largo de veinticuatro años de servicio pastoral, se ha mantenido no solo como cabeza administrativa de una Metrópolis, sino como padre, compañero de camino y silencioso trabajador de la esperanza, según el modelo del Buen Pastor: «El buen pastor da su vida por las ovejas» (Juan 10,11).
Su presencia no se impone. Reconforta. No suena como voz de autoridad, sino como un susurro de ternura paterna. Es el pastor que precede discretamente al rebaño, permitiendo que las huellas de su amor den testimonio más que cualquier retórica. En su persona, el ministerio episcopal no se percibe como un cargo, sino que se vive como una cruz de responsabilidad y ofrenda.
Su ministerio pastoral se caracteriza por la mansedumbre, el discernimiento y la humildad. No busca publicidad. Al contrario, elige conscientemente la discreción, donde el verdadero servicio da fruto. Como enseña san Isaac el Sirio, «el hombre humilde se convierte en causa de paz», y esta paz se ha hecho tangible en la Iglesia local, que bajo su guía paterna se ha convertido en un amplio abrazo de acogida y cuidado para cada persona.
Su humildad no es una postura, sino una manera de ser. Es el silencio interior de quien ha aprendido a escuchar el dolor del otro sin exponerlo. De este silencio nace la confianza del pueblo, una confianza que no se exige, sino que se recibe como don.
En sus intervenciones ha señalado con valentía que «el hombre se ha convertido hoy en un refrigerador para su prójimo», describiendo la frialdad y la indiferencia de nuestro tiempo. A esta realidad contrapone el fuego de la Iglesia, según el Salmo: «Hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego».
Una llama enraizada en Cristo y llamada a derretir el hielo del egoísmo y del aislamiento.
Un lugar especial en su ministerio pastoral lo ocupa su veneración por los Santos de la Iglesia, especialmente san Juan el Ruso, a quien ha dedicado un particular interés eclesiástico y teológico, así como una notable obra literaria. Su libro «San Juan el Ruso, el muy paciente y campeón de la paciencia» ha sido presentado repetidamente en Grecia y en el extranjero y traducido al inglés y al rumano, contribuyendo sustancialmente a la difusión de la figura santificada y la vida del Santo.
Esta relación teológica y espiritual expresa auténticamente la esencia de la vida eclesial como imitación incesante de Cristo a través del ejemplo de los Santos, mostrando cómo la experiencia de la santidad se transforma en fuente de fortalecimiento pastoral y en rica herencia espiritual para el pueblo de Dios.
Tuve la bendición de conocerle y colaborar con él inmediatamente después de su entronización. Desde nuestro primer encuentro percibí no solo su perspicacia y amplitud espiritual, sino sobre todo un corazón abierto, profundamente humano y centrado en Cristo. Su preocupación por la familia, por los jóvenes y especialmente por los niños nunca ha sido teórica ni ocasional. Es vivida, pastoral y paterna, arraigada en la convicción de que la Iglesia debe primero escuchar y luego hablar.
Para Su Eminencia, cada niño no es un número en estadísticas pastorales, sino una persona única de valor irrepetible. Cada familia es un lugar sagrado de lucha y esperanza. Por eso su palabra toca los corazones, porque la experiencia la precede y el amor va delante de ella.
A menudo subraya que «no hay camino más hermoso para encontrarse con Cristo y la Panagia que la oración». Esta palabra no funciona como un eslogan, sino como testimonio de experiencia personal. De esta base nace también su comprensión de la familia como «Iglesia doméstica», núcleo vivo de la vida social y eclesial.
En este espíritu nacieron las Escuelas para Padres y los grupos de orientación parental, una obra prolongada y exigente que ha superado las 9.000 horas de enseñanza y apoyo familiar. Su Eminencia ha estado y permanece presente, porque para él la pastoral no es un sistema, sino una relación.
Dentro de la misma visión se encuentra la fundación de la Estación de Radio de la Santa Metrópolis de Calcis. La Iglesia entra discretamente en la vida cotidiana, no para imponerse, sino para acompañar. La orientación parental ya ha alcanzado 400 emisiones, constituyendo un punto de referencia estable para familias y niños, que expresan una gratitud ilimitada por el amplio abrazo paterno de su Pastor.
También concede gran importancia a los peligros del mundo digital, advirtiendo contra el fundamentalismo, el sincretismo y la ignorancia religiosa. Subraya que la fe no es información digital, sino una relación vivida, «comunión eclesial y unidad del pueblo en torno al Obispo».
Con el mismo cuidado paterno apoyó y sigue apoyando al clero de la Metrópolis. Más de noventa sacerdotes fueron ordenados en un clima eclesial saludable, mientras que varios fueron considerados dignos de servir a la Iglesia como Jerarcas.
Su obra social y filantrópica ha sido multifacética: Centro de Apoyo Familiar, Bancos de Alimentos, Hogares de Ancianos, Orfanato, Campamentos. Detrás de todo ello hay personas hacia quienes la Iglesia se inclina con amor.
Si algo caracteriza su trayectoria global, es la unidad entre palabra y vida. No solo enseñó la Iglesia; la vivió. No solo habló de comunión; la construyó. Nunca se situó por encima del pueblo, sino siempre a su lado.
Epílogo – Palabra de gratitud y deseo
La obra de Su Eminencia el Metropolita Crisóstomo de Calcis no nació de la ambición ni de la necesidad de publicidad, sino de la profundidad del corazón y del ejercicio constante de la responsabilidad paterna. Es una obra humilde y por ello verdaderamente fecunda. No se mide solo en estructuras o números, sino en corazones consolados, niños inspirados, clérigos apoyados y en un pueblo que aprendió a vivir la Iglesia como madre.
Oramos para que Dios le conceda salud y muchos años bajo Su protección, a fin de que los dones que le fueron confiados continúen dando fruto para el bien de la Iglesia. Así como siempre fue un servidor dispuesto de Su voluntad, que también en el futuro, donde la Providencia divina considere que deba servir, continúe ofreciéndose con humildad, discernimiento y amor paterno, para la gloria de Dios y la bendición de Su pueblo.
Bibliografía – Fuentes
• Santa Biblia, Nuevo Testamento
• Juan Crisóstomo, Sobre el sacerdocio
• Isaac el Sirio, Homilías ascéticas
• Gregorio el Teólogo, Discursos
• Agencia de Noticias Orthodoxia,
– «Crisóstomo de Calcis: Iglesia significa comunión», 5.1.2026
– «Espiritualidad ortodoxa e ideas ajenas», 2.12.2025
• Discursos públicos y mensajes pastorales de Su Eminencia el Metropolita
• Crisóstomo de Calcis, San Juan el Ruso, el muy paciente y campeón de la paciencia (libro)

Estación de Radio de la Santa Metrópolis de Calcis
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